Ritmo y Cajón

Ritmo y Cajón

En Santiago hay talleres de música por todos lados, pero no todos logran armar una identidad propia. El proyecto Ritmo y Cajón, que hoy se mueve en Casa Parcas, sí la tiene. Ahí, la percusionista Maite Rojas Maiz, también conocida como @aka.maimai, viene levantando un espacio que no se queda solo en “aprender un instrumento”: la idea es estudiar ritmo, tocar en grupo y generar encuentro, todo desde el cajón como eje. Casa Parcas lo presenta como parte de su equipo y su programación artística, no como una actividad aislada.

El lugar también importa. Casa Parcas es un espacio cultural de Santiago, en Av. Santa María 0710, sector Metro Salvador, y desde hace años funciona como punto de cruce entre talleres, música en vivo y proyectos creativos. No es una academia tradicional ni un centro cultural pesado; más bien se mueve con esa lógica de casa abierta, de lugar donde se mezcla formación, exhibición y comunidad. Por eso calza bien con un taller como éste: no está planteado desde la rigidez, sino desde la práctica compartida.

Lo que Maite Rojas propone ahí se llama, en su formato más visible, Taller Femenino de Cajón. En sus publicaciones y en las del proyecto aparece una idea bien clara: abrir un espacio para mujeres que quieran acercarse al ritmo por primera vez o seguir profundizando en él, sin exigir experiencia previa. Esa es una de las cosas más atractivas del taller: no está vendido como algo exclusivo para músicas profesionales, sino como una instancia donde cualquiera puede entrar, probar, equivocarse, repetir y empezar a entender el pulso desde el cuerpo y desde la escucha.

El enfoque del taller tampoco se reduce a “pegarle al cajón”. En las descripciones públicas se repiten varias ideas: desarrollo técnico, teoría rítmica, estudio de patrones base, trabajo de distintos estilos y dinámicas en círculo de cajones. Ese detalle es clave, porque habla de una metodología grupal, bien física, donde el ritmo no se entiende solo como algo que se aprende de memoria, sino como una experiencia colectiva. En vez de una clase fría, parece haber una búsqueda por hacer que el ritmo se sienta, se comparta y se construya entre varias.

También hay un repertorio que le da carácter al proyecto. Según las convocatorias y publicaciones, el taller ha trabajado ritmos como cueca, cumbia, landó y festejo, y en algunos ciclos incluso se ha abierto una clase mixta con un foco más ligado al acompañamiento “según criterio de batería”. Eso muestra dos cosas: primero, que el proyecto no está encerrado en una sola tradición; y segundo, que Maite Rojas está pensando el cajón como un instrumento vivo, capaz de dialogar tanto con repertorios latinoamericanos como con lógicas más contemporáneas de acompañamiento y ensamble.

Hay además una historia detrás. El material público de Maite indica que el Taller Femenino de Cajón funciona desde 2019 en distintos formatos, y que lo de Casa Parcas es parte de un recorrido más largo, no un invento reciente. En otras palabras, acá no estamos viendo un taller armado al vuelo para llenar una agenda mensual, sino una línea de trabajo sostenida en el tiempo. Incluso hay registro audiovisual del proceso, como el video “Bloque Fantasía cueca 2023”, que deja ver que el proyecto ya venía consolidando una comunidad y una práctica antes de esta etapa en Casa Parcas.

Para entender mejor quién está detrás de esto, sirve mirar la trayectoria de Maite Rojas fuera del taller. Ella aparece identificada en fuentes musicales chilenas como percusionista y baterista de Reptila, proyecto surgido hacia 2018 junto a Andrea Zárate, con una propuesta que mezcla percusiones africanas y afrolatinas, electrónica y pop. Esa mezcla no es un dato decorativo: ayuda a explicar por qué su taller de cajón no se ve amarrado a una sola escuela ni a una visión folclórica cerrada, sino a una forma más amplia de pensar el ritmo, la escena y la performance.

De hecho, la propia trayectoria de Reptila le da contexto artístico al taller. Musicapopular.cl consigna que el proyecto ganó visibilidad tras WOMAD 2022 y una posterior gira por Europa, y también señala que Maite Rojas ha colaborado con Javiera Mena, entre otros nombres. O sea, la persona que guía este espacio no viene solo desde la docencia: viene también desde el escenario, desde la colaboración musical y desde una escena chilena que cruza percusión, electrónica y música de raíz en clave actual. Eso vuelve el taller más interesante, porque no se siente separado del trabajo artístico real de quien lo dirige.

La relación con Casa Parcas, además, no parece ser circunstancial. Hay registros de Reptila en Home Sessions grabados en ese mismo espacio en abril de 2022, con agradecimientos explícitos a Casa Parcas por recibir la sesión. Eso sugiere una conexión más profunda entre la artista y el lugar: no solo lo usa como sala para hacer clases, sino como parte de una red concreta de creación, circulación y encuentro. En ese sentido, Casa Parcas funciona como algo más que una sede: es un ecosistema donde el proyecto puede respirar.

En lo más reciente, las publicaciones de 2025 y 2026 muestran que el taller sigue activo, con clases mensuales, ritmos específicos por sesión, cupos por confirmar y, a veces, cajones disponibles en el lugar. También aparece una comunicación bien directa, cercana, sin tono institucional excesivo. Eso calza con la sensación general del proyecto: una propuesta seria en lo musical, pero cercana en el trato; formativa, pero no solemne; abierta, pero con una visión clara.

Al final, lo más valioso del taller de cajón en Casa Parcas no pasa solo por el instrumento. Lo potente es que Maite Rojas está armando un espacio donde el ritmo sirve para estudiar, tocar, encontrarse y afirmarse colectivamente. En una ciudad donde muchas actividades culturales duran poco o dependen de modas, Ritmo y Cajón se ve más bien como un proyecto con continuidad, con identidad y con una voz propia. Y eso, en Santiago, ya es bastante.